domingo, 25 de enero de 2015

Empezando por el final

A todo aquel que me pregunta le cuento mi versión de los hechos, con actuación incluida, lo miro a los ojos, pestañeo significativamente y le digo: “Lo dejé”. Y es verdad, no miento, porque se supone que con eso de madurar debía dejar de mentir y así lo hice. Pero como siempre, hay tierra escondida debajo de la cama. Dejé al hombre que consideré el amor de mi vida, después de tres años de relación, porque él me dio todos los motivos para hacerlo. Todos. No porque quisiera.

Tenía que suponer el final desde el principio, lo conocí una noche en un boliche, él era amigo del novio de una amiga y yo juré haberme enamorado a primera vista. Lo cual era muy poco creíble porque esa noche yo había tomado como un cosaco y veía doble, o triple, o quien sabe. Pero así lo proclamé a los cuatro vientos totalmente convencida de que él debía ser el hombre de mis sueños.Mis amigas deben haber girado los ojos algo cansadas,  porque  por esa época solía encascarme con muchas cosas y él no fue la excepción. Al mes y medio, un 31 de diciembre medios borrachos nos pusimos de novios. Y yo decidí renunciar a mi sueño de casarme ocho veces como Elizabeth Taylor, sólo porque él lo valía. Pero no fue así.


La última vez que hablé él estaba en Cordoba, se había ido con los amigos en un viaje organizado durante la semana que nos habíamos pedido un tiempo. Porque si algo no perdió, fue efectivamente el tiempo. Y me decía muy seguro de sí mismo que yo me iba a arrepentir de dejarlo.


Me llevo meses tomar las fuerzas, meses de ataques de histeria, de llantos, de sentir que se terminaba el mundo. Estuve meses soportando cosas impensables, pero el día que me contó que durante esos días que yo le había pedido que piense si se la quería jugar por mí, había reservado un viaje con los amigos; toque fondo. Me encerré en una de las oficinas del trabajo, me miré al espejo y me prometí no volver a pasar por lo mismo.


Y ahí me di cuenta: Las mujeres nos enamoramos de estar enamoradas.

sábado, 17 de enero de 2015

Amabamos amarnos

Nos gustaba gustarnos.
Nos amábamos amándonos, y ese fue el problema.
Cuando amar al otro, dejo de representar el amarnos a nosotros mismos.
Cuando encontrar al otro, empezó a representar perdernos.
Cuando sumar uno más uno, dejo de ser dos y empezó a ser cero.

sábado, 3 de enero de 2015

Melisa es Problemita


Melisa era así. Siempre había sido así y uno no puede juzgar lo que es. Lo puede aceptar o rechazar, amar u odiar, pero no juzgar. Porque al fin y al cabo ¿Quiénes somos para tomarnos ese atrevimiento?

Melisa es Problemita, así como lo digo. Melisa te ha metido en más problemas de los que vos misma te has metido. E incluso así y todo, seguís frecuentándola. Porque Problemita ante todo es carismática, simpática y divertida. Y sabe que la gente la perdona. O por lo menos la perdonan los que ella considera que valen la pena.

Problemita miente, especula y traiciona. Se hunde y hunde al resto. Se equivoca a lo grande. Arruina su vida constantemente y en cuanto empieza a salir del pozo en el que se metió, saca la mano afuera toma una pala y cava más profundo.

Miente con trivialidades como con cosas importantes. Esconde o revela información sin ser consciente de que puede perjudicar a alguien más. No cumple su palabra, no cumple sus promesas y no entiende un: “No digas nada”. No sabe de confidencialidades ni lealtad.

Cuando era chica te robaba al chico, se emborrachaba y te hacía quedar mal con todos tus amigos contando tus secretos. Hoy sigue haciendo exactamente lo mismo, porque una vez Problemita, siempre Problemita.

Nació para el drama. Para llorar, patalear y gritar. Porque cree firmemente que su vida es una obra de teatro y debe entretener a su audiencia ficticia. Ella se debe a su público y a nadie más.

Lo que hace difícil sobrevivir a Problemita, es que a diferencia de la mujer drama que vive metiéndose en problemas y círculos autodestructivos que sólo la afectan a ella. Problemita se tira a un precipicio y  arrastra consigo a todos los incautos que anden paseando por ahí. Al que la escucho, al que la ayudo o al que la traiciono; ella no hace distinción, ella intenta hundir a todos. Intenta embarrar a todos los que estén cerca para no parecer tan sucia ella. E increíblemente muchas veces le funciona.

A las Problemitas hay que huirles, hay que verlas, identificarlas y correr para el otro lado. Porque cuando el huracán pase arrasando todo, ella se va asegurar de que no se lleve solamente los cimientos de su vida, sino también los de la tuya, los de tu hermana y los de tu abuela.

Y llega una edad en la que uno descubre que a veces, dar una mano significa perder un brazo. Y todos queremos tener ambos.

jueves, 1 de enero de 2015

¿De qué vamos a hablar?

  • De hombres.
  • De moda.
  • De cine.
  • De él.
  • De mujeres.
  • De historia.
Y básicamente todo lo que a mí se me de la gana. Porque escribo un blog por el simple hecho de que no hay suficientes películas en Netflix para mantenerme ocupada eternamente. Y  sobretodo porque soy una ferviente creedora de que  mis opiniones a alguien le importan.
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